Se acabaron las largas elecciones del 23 J, las elecciones del Sanchismo, las del antisanchismo, las del que te vote Txapote, las de las inexactitudes de Feijoó, las de las altas temperaturas, las de las vacaciones truncadas, se acabaron las elecciones del 23 J con una amarga victoria.
Todos daban ganador a Feijoó, él mismo se veía barriendo y aplastando a Sánchez, los sondeos post-electorales le daban ganador con una amplia mayoría, 145-150 escaños, tanto así que la suma con Vox, superaría la mayoría absoluta del Congreso, 176 escaños, sin embargo, los primeros escrutinios le daban la vuelta a los sondeos, y empezaron dando ganador a Sánchez, y aunque es cierto que terminó ganando el PP, Sánchez se mantuvo en el primer puesto buena parte de la noche.
Fue una noche de sorpresas, fue una bofetada de realidad, donde las cosas no fueron lo que parecían, y aunque ganó Feijoó, no lo hizo con la diferencia que él esperaba y que todo el mundo vaticinaba. La suma con Vox no daba para la mayoría absoluta, ni mucho menos para superarla. Si Feijoó quiere gobernar, no le basta con su amigo Abascal, va a tener que buscar al menos un tercer socio que parece poco probable de conseguir. Feijoó dice haber ganado las elecciones, aunque el resultado no le da para gobernar, dice que pedirá a Sánchez que permita gobernar a la lista más votada, como las sumas no le dan, tiene que recurrir a la lista más votada con un apoyo sanchista poco probable. Su gozo en un pozo.
Al otro lado tenemos a un Sánchez contento por haber mantenido el pulso a unas elecciones que poco menos que le borraban del mapa, y que con una serie de apoyos, le da la suma suficiente para gobernar. Gobierno Frankenstein le llaman, pero da. Otra cuestión es que lo consiga, tendrá que pactar, pero tendrá que hacerlo con partidos que ya le apoyaron en su día. El gobierno de Sánchez es posible, difícil pero posible, y si no, elecciones otra vez.


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