En estos días en los que intentamos vencer al coronavirus, ha aflorado otra pandemia a la que nunca vencemos y casi ni luchamos, el racismo. La muerte de George Floyd en Minneapolis bajo las rodillas del abusivo oficial Derek Chauvin ha dejado muy claro que aún hoy está muy presente entre nosotros, y el mundo entero clama justicia para George Floyd.
Muchos son los mensajes que la gritan, mensajes de gente anónima y conocida, especialmente del deporte que hinca la rodilla en entrenamientos y eventos deportivos, que muestra su pesar por semejante abuso. Mucha conciencia y educación social hace falta para quitarnos de encima ese falso sentimiento de superioridad sobre los demás. Sobre todo en Estados Unidos que aún lo arrastra y lo lega a las siguientes generaciones después de que haya pasado tantísimo tiempo desde que se abolió la esclavitud. Donald Trump desde su búnker oval tampoco es que ayude mucho a calmar los ánimos, más bien los exalta más con sus actos desde su derecha conservadora por una América mejor, biblia en mano, provocando que los disturbios que se reparten por todo el país vayan a más, tanto que en muchos lugares han tenido que decretar el toque de queda.
¿Y ahora qué?, ¿dónde quedará todo esto?, ¿habrá justicia para George Floyd?, ¿se depurarán responsabilidades?, ¿qué harán con el abuso policial reiterado a los afroamericanos?. Muchas preguntas y pocas respuestas en estos tiempos en los que cualquier chispa se convierte en llama y hace estallar los ánimos, repartiendo la crispación, y solo nos queda una cosa por hacer, pedir justicia para George Floyd.


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